- Más de 70 asistentes registró la cita divulgativa de APRODEL, GEOVOL y CREA.
- El alcalde valoró el trabajo divulgativo de los profesores Gosálvez y Florín y recalcó el interés del Ayuntamiento de poner en valor sus enclaves naturales.
Brazatortas acogió este domingo la última de las tres jornadas de ‘Limnoruta: Churros, cañadas y lagunas’, un ciclo divulgativo de centrado en varios puntos de la provincia, que cerró su programa dando protagonismo a la laguna de Retamar y cuya jornada duplicó con creces el número de plazas disponibles, con la asistencia de más de 70 personas.
La cita, promovida por APRODEL, Asociación de Profesionales para el Desarrollo Local, el grupo de investigación GEOVOL de la Universidad de Castilla-La Mancha y el Centro Regional de Estudios del Agua (CREA) de la misma UCLM, se enmarcó en una acción europea que acerca a la ciudadanía los humedales manchegos y sus valores ecológicos y sociales.
El alcalde, Pablo Toledano, quien ejerció de anfitrión y valoró altamente tamaña afluencia y el trabajo divulgativo de profesores como Rafael Gosálvez y Máximo Florín, entre otros organizadores, dijo en el acto de bienvenida que el apoyo del Ayuntamiento a este tipo de acciones va en la línea del desarrollo local y avanzó que “queremos ofrecer un paquete global de todo lo que tenemos y sacarle partido para luchar contra la despoblación”.
Y esta jornada, celebrada bajo el lema 2026 del Día Mundial de los Humedales de cada 2 de febrero, ‘Humedales: sagrados, sustento de la vida, legado intemporal. Nos toca protegerlos’, comenzaba en el Centro de Interpretación del Valle de Alcudia, seguía luego en la propia laguna de Retamar y concluía en el Yacimiento Arqueológico ‘Cruz de Mayo’.

Sobre este humedal torteño que lleva el nombre de la pedanía almodovareña por su cercanía, el profesor de Geografía Física de la UCLM y director de GEOVOL, Rafael Gosálvez, director de GEOVOL, destacó la singularidad de su ubicación, por cuanto “es de las últimas lagunas que hay hacia el sur del Campo de Calatrava volcánico”.
Precisó también que “no es una laguna grande, es una laguna pequeñita”, estimando su extensión “en torno a las 5 hectáreas o menos” a falta de mediciones más concretas, pero pese a su tamaño meno en comparación a otras, enfatizó su relevancia hidrológica al señalar que “en todo el Valle del Ojailén no hay ninguna laguna más, es la única que hay”.
Y desde un punto de vista geológico, Gosálvez explicó que “nosotros interpretamos como un cráter de explosión hidromagmática, un maar”, un proceso de formación que para facilitar su comprensión comparó con “una sartén con aceite hirviendo que le echas unas patatas congeladas y empiezas a hacer chispitas, pues esa chispita es una explosión que libera la equivalente energía de una bomba nuclear y te hace normalmente un agujero”.

Por su parte, Máximo Florín, profesor de la UCLM en Tecnologías del Medio Ambiente y responsable de humedales del grupo CREA, añadió que la laguna de Retamar “recibe agua de estas sierras, agua bastante dulce y tiene unas comunidades de vegetación y de macroinvertebrados, de insectos y crustáceos acuáticos muy interesantes”.
Por eso mismo, los organizadores quisieron hacer en esta jornada de clausura un singular despliegue de medios pues, con el objetivo de acercar la ciencia a los asistentes en su interés de fomentar una educación ambiental práctica sobre el terreno, llevaron microscopios para observar los invertebrados propios de la laguna de Retamar, donde también tomó la palabra Álvaro Chicote, doctor en Biología y experto en limnología.
Florín Beltrán, quien destacó además de este maar que “ahora mismo está en un estado de inundación impresionante y el valor paisajístico que tiene es increíble, es una de las lagunas más bellas probablemente del Campo de Calatrava”, incidía además en su valor más puramente etnográfico, profundamente ligado al uso ganadero comarcal.

Y es que, al tratarse de una “cerrada natural”, se facilitaban enormemente las labores de pastoreo tradicionales ya que permitía “reunir los ganados sin que les pierdas de vista”, gracias a las atalayas, montes y colinas circundantes, desde donde los pastores podían “dominar perfectamente todo esto” y mantener el control sobre sus rebaños.
A largo plazo, esta configuración natural hizo de Brazatortas un punto clave dentro de la red de vías pecuarias que conectaban la llanura manchega con Extremadura pues, como subrayó el experto, fue el torteño el municipio que desempeñó históricamente un papel de “bisagra” entre ambos enclaves por ser enclave estratégico en la ruta de las cañadas.
Este aprovechamiento del entorno natural también se trasladó a costumbres cotidianas de los pastores, dejando una huella cultural que este año ha permitido incluir en su denominación la palabra ‘churros’ en la iniciativa que se cerraba en Brazatortas este pasado domingo en una jornada, por otro lado, espléndida en lo meteorológico.

Así, Gosálvez desveló cómo “antiguamente los churros se daban cogidos con un tallo de junco de las lagunas, que por eso se llaman los juncos churreros”, de manera que este tipo de humedales no solo proporcionaban sustento al ganado, sino que ofrecía el soporte vegetal necesario de algo que antaño era mucho más común ver entre los churreros.
La jornada concluyó con el equipo de Gamo Arqueología en el yacimiento de la Cruz de Mayo que, como resaltaron los propios organizadores de la jornada, es un punto muy distintivo de la Corporación municipal de Brazatortas, por cuanto “es muy raro que un Ayuntamiento financie campañas arqueológicas”, algo que atribuyeron al impulso personal del alcalde.
Al respecto, Toledano significó que ya estaba finalizando ahora la quinta campaña de excavaciones que “financiamos al cien por cien con fondos propios, sin ayuda de otras administraciones”, pero puso en valor el interés de la localidad por cuanto el yacimiento “desentraña las claves para entender la identidad de toda nuestra comarca”.

Last modified: 17 de marzo de 2026

